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miércoles, 23 de mayo de 2018

Os voy a contar un secreto sobre el amor:

Imaginad un grupo de científicos, todos con bata, que están tratando de que una paloma aprenda a pulsar un botón. Como cuando enseñas a tu perro a que te dé la patita, exacto. 
¿Cómo lo consiguen? Con comida, obvio. La comida es un refuerzo; una consecuencia positiva que hace que aumente la probabilidad de que una conducta (pulsar el botón) se repita en el futuro. 
La paloma pulsa el botón e, inmediatamente, recibe comida. Hasta aquí todo correcto.
Pero alguien piensa que podría ser interesante ver qué ocurre cuando ese refuerzo es aleatorio. Unas veces pulsa el botón y recibe comida. Otras no. Unas veces no pulsa el botón y recibe comida. O no. 
¿Qué ocurre entonces? Que la conducta se dispara. El refuerzo intermitente, que así se llama, hace que la conducta se repita más en el futuro y, además, que sea más difícil que desaparezca. 
Ocurre algo parecido cuando esa persona que te gusta tanto a veces se interesa muchísimo por ti y otras nada. A veces se pasa días enteros sin parar de hablar contigo y luego desaparece, sin más.
A veces contesta a tus mensajes y otras no. 
Nuestro cerebro se vuelve loco segregando dopamina y la sensación que nos produce es de que estamos ultra-enamorados/as.
Pero queridos, el amor no es eso




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